En las rejas, donde nada es personal para un amor que perdió la luz del sol, la cambio por el áspero sabor de la soledad invadida; de las noches cuando solo por rendijas escuchara el aire entre agonías, de los despertares entre paredes que anhelan ser destruidas. También de los días que poco a poco consumirán su rostro de niño menesteroso, de los últimos, cuando se conozca al otro que saldrá de ese calabozo.
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